Posteado por: cervanteschicago | marzo 30, 2010

Notas sobre la Semana Santa.

Por Vicente R. Basabe

Empecé a escribir estás líneas el Viernes de Dolores, cuando en Cartagena, mi ciudad natal, empieza a celebrarse la Semana Santa, la cual no podré vivirla, aunque sea descansando en la playa, pues en España, seas religioso o no, la Semana Santa se vive. Unos mantienen el fervor religioso, otros las tradiciones que desde niños les han inculcado su padres y algunos descansan. Quienes viven fuera de sus pueblos o ciudades natales, vuelven a ellos. Siempre que se puede se aprovecha el puente  de Semana Santa. Según la comunidad autónoma donde uno viva, el puente va del Jueves Santo al Domingo de Resurrección, o del Viernes Santo al Lunes de Pascua y, si eres murciano (de Murcia capital) puedes hacerte un viaducto si  lo juntas con el Bando de la Huerta. 

La Semana Santa en España es un crisol de procesiones, habiéndolas para todos los gustos y vocaciones. Toda procesión consiste en pasear por las calles de la ciudad imágenes sacras relacionadas con la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Las imágenes de las vírgenes, santos y cristos (magníficas y bellas obras de arte a menudo) escoltadas por penitentes, cofrades, nazarenos, ciudadanos, autoridades públicas, fuerzas militares y de orden público al paso marcado por los tambores; son procesionadas ante miles de paisanos y visitantes: unos hacen fotos, otros charlan al paso, sentados en las mesas de los bares; muchos miran, hay quienes canta saetas (entonces el pueblo calla, escucha y aplauden al saetero al terminar su desgarrado canto, al tiempo que vitorean a la Virgen, Cristo o Santo). 

Tal vez, el acto más tempranero de la Semana Santa, ocurra en Lorca, tercera población de la Región de Murcia, donde los lorquinos azules se congregan frente a la iglesia de San Francisco, para ver, como tras la última campanada de la víspera del Viernes de Dolores, fervorosos azules, aupados a hombros  de no menos fervorosos, rompan sus gargantas en la serenata a su virgen: ¡Viva la más hermosa! ¡Viva la envidia de aquellos! ¡Viva el paso Azul! 

Mas volvamos a la ciudad bimilenaria que me vio nacer, y a la que empiezo a echar de menos, por primera vez desde que llegué a Chicago, pues no puedo pasear estos días por su calles, salvo en mi memoria o el youtube. La Semana Santa cartagenera, declarada de “interés turístico internacional”, se distingue, entre otras cosas, del resto por la marcialidad del paso, unísono, imperturbable y armónico de los tercios de capirotes (penitentes vestidos con capuz, capa, túnica, fajín y que portan un hachote) el diseño y decoración floral de sus tronos, el  “perico pelao”, el llamar judíos a  los legionarios romanos, los piquetes de granaderos,  y a tener en nómina a San Pedro. 

Sí, sí, no han leído mal, a tener en nómina a San Pedro: quien consta en la nómina del Arsenal Militar de Cartagena como “Oficial de Arsenales Pedro Marina Cartagena”, con DNI 40.429.029 C. Lamentablemente, se le ve poco por la ciudad durante el año, pues se lo pasa arrestado; lo que no es óbice para que siga cumpliendo con su labor apostólica en los cielos. Dicen, que hubo un Almirante que quiso quitarle la paga a Pedro Marina Cartagena, pues no lo veía trabajar, válgame dios…pero no llego a más la cuestión. Así, cada Martes Santo, al anochecer, San Pedro debe salir en procesión, para lo que pide permiso al Almirante Jefe del Arsenal, quien tiene a bien dárselo, recordándole que debe de estar de vuelta antes de la media noche del Miércoles Santo, bajo pena de volver a ser arrestado; pero como es costumbre, San Pedro tarda más de la cuenta en volver, y la disciplina militar no hace distingos.

En Cartagena, las procesiones las organizan y realizan principalmente dos cofradías, la California y la Marraja, si bien existen otras dos: la del Cristo del Socorro, y la del Jesús Resucitado. La más antigua es la de los marrajos (fundada en 1612, si bien hay quienes la datan con anterioridad), le sigue la del Cristo del Socorro (1691), la de los californios (1747) y por último la de Jesús Resucitado (1943).

Sin duda, la noche grande cartagenera, es la madrugada del viernes santo, a la que se le conoce como la noche del encuentro,  procesión de la cofradía marraja, que tiene su clímax, en el encuentro de la Dolorosa con el Jesús Nazareno al rayar el alba, en la plaza de la Merced. Mientras el pueblo abarrotando la plaza canta la “salve cartagenera”, los portapasos hacen bailar sobre sus hombros los tronos que han portado, durante la madrugada, por las calles de la ciudad de Cartagena.

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