Posteado por: cervanteschicago | octubre 10, 2009

El tesoro de B. Traven

El tesoro de B. TravenB. Traven era un tipo curioso. Nadie sabe demasiado sobre él, siquiera su verdadero nombre. Y es que este personaje, alemán según unos, americano según otros, mexicano por decisión propia, pasó gran parte de su juventud sin nombre fijo, sin pasaporte, y sin querer nunca una nacionalidad o país definidos hasta que finalmente se naturalizó como ciudadano mexicano. De hecho, dejando aparte el indudable origen extranjero de Traven, su obra ocupa un lugar importante en la creación literaria mexicana por los retratos de ha dejado de sus lugares, sus ambientes, sus gentes y su alma.

Acabamos de recibir en la biblioteca una de sus obras más conocidas, El tesoro de Sierra Madre, que John Huston llevaría al cine en 1948 ganando uno de sus dos oscars. El tesoro de Sierra Madre es una fábula con moraleja que habla de la avaricia, y de como la búsqueda de valores materiales desencadena en el hombre el odio, la desconfianza, la violencia y la antipatía hacia sus congéneres. Un trasfondo social que marcará, en general, toda su producción literaria de novelas y cuentos cortos.

El tesoro de Sierra madreA pesar de la fama que alcanzarían sus libros, Traven siempre huyó de la publicidad tratando de ocultar su identidad. Sirva como ejemplo esta divertida anécdota. John Houston solicitó la ayuda de Traven para la producción de la pelicula. Conociendo el tipo de persona que era Houston, no es de extrañar que tras la lectura del libro esperase a un hombre  de talante fuerte y presencia notable, así que quedó muy decepcionado cuando llegó un personajillo muy reservado que se disculpó en nombre de Travén, diciendo que era su asistente personal, Hal Croves.  Hal Croves permaneció en el rodaje todo lo que su presencia fué requerida, pero nunca llegó a hacer gran amistad con el arrognate director. Había pasado ya algún tiempo desde el rodaje cuando John Houston empezó a poner en duda la verdadera identidad de Croves, llegando a comentar incluso que estaba seguro de que aquel curioso personaje que decía ser el asistente peronal de Traven, era en realidad el propio Traven.  Y efectivamente así era, como confesaría el mismo poco antes de morir.

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